PASCUA DE LA RESURRECCIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO 2009
1. Queridos hermanos y hermanas en Cristo: La resurrección significa que Jesús es el gran argumento, que el cristianismo ofrece a la humanidad, para mostrar que la vida es más fuerte que la muerte. El Resucitado nos dice, según la fe de los cristianos, que, más allá de todas las evidencias que se nos imponen, la muerte no tiene la última palabra en el destino de los humanos. No estamos destinados al fracaso y a la corrupción, sino a la vida y a la felicidad.
2. Pero nunca se debería olvidar que la esperanza en “otra vida” más allá de la muerte, puede convertirse en una amenaza para “esta vida”. Todos los que, a lo largo de la historia de las religiones, han muerto matando, han llegado a ser grandes asesinos porque la esperanza en la otra vida les ha dado argumentos para matar y para matarse. Los terroristas suicidas se han inmolado en tantas masacres porque estaban persuadidos de que, haciendo eso, entraban en el paraíso de los resucitados.
3. Sin llegar hasta esos excesos de deshumanización, la esperanza hace daño a la “vida humana” cuando esa esperanza en la “vida divina” justifica cualquier forma de agresión a lo humano. Sabemos que hay personas que, por ser fieles a sus creencias de eternidad, menosprecian o incluso desprecian a quienes no piensan como ellos, tienen otras creencias religiosas o no se ajustan a las exigencias de un determinado “credo”. A los seres humanos hay que respetarlos y quererlos, no porque así se consiguen premios eternos, sino porque los seres humanos se merecen nuestro respeto y nuestro amor, etsi Deus nos daretur, “aunque Dios existiera”.
4. Apoyados en esta idea, podemos concluir diciendo que la Pascua de la Resurrección es la fiesta de las fiestas porque Dios cumple en el Hombre-Jesús el gran sueño de todos los hombres: la inmortalidad y la felicidad. Todo ser humano tiene ansias de vivir para siempre y gozar en todo momento. Pero Jesús y su Padre, Dios, nos muestran hoy que esto es posible desde la fe.
5. De modo que hoy es la fiesta de los que caminan con los ojos iluminados por la fe. Es la fiesta de los que han tenido las manos encadenadas por el pecado y ahora las elevan al cielo, libres de ataduras y las extienden hacia la tierra como signo de liberación pascual. Es la fiesta de los que se han despojado de las obras del mal y se han revestido de la vida de Cristo resucitado. Es la fiesta de los hambrientos y sedientos que se han sentado en la Mesa con Cristo para compartir su Palabra y el Pan sacramental. Es la fiesta de los ciegos y, ahora contemplan el misterio de la fe; de los sordos y ahora escuchan la palabra de salvación. Es la fiesta de los sin camino porque han hallado la senda de la vida y de la verdad en Cristo. Es la fiesta de los pobres enriquecidos por Cristo Resucitado. Y, en fin, es la fiesta de Cristo y nuestra fiesta pascual. ¡Aleluya!
Fuente: Jesús Rafael Edu Eyama Achama