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El Golfo de Guinea, nuevo pilar de la seguridad energética global. (¨La Insignia¨, 22 octubre) publicado por: asociación de solidaridad democrática con guinea e ASODEGUE el 22/10/2002 9:03:47 CET
19 de octubre del 2002
El Golfo de Guinea, nuevo pilar de la seguridad energética global
Edith Papp Agencia de Información Solidaria. España, octubre del 2002.
La industria global de petróleo y del gas está al borde de una nueva carrera colonial por los recursos de Africa - afirmó un alto ejecutivo de una empresa estadounidense en la conferencia que se celebró a finales de septiembre en Ciudad del Cabo para evaluar las perspectivas de desarrollo del sector en el continente negro.
Aunque el término hiera nuestros oídos de hoy, lo que se avecina, bien puede compararse con la fiebre decimonónica que impulsó a los colonizadores blancos a apoderarse de los recursos naturales de esa región.
El reciente encuentro del presidente norteamericano George Bush con los ministros de petróleo de once países africanos puede considerarse el pistoletazo de salida para esa carrera que pretende asegurar el 25% de las necesidades de hidrocarburos del mercado estadounidense para el año 2025, según atestigua un documento de la Oficina Central de Inteligencia (CIA).
Mientras el Golfo Pérsico, que atesora dos tercios de las reservas de combustibles fósiles del planeta, se prepara para un período de desestabilización debido a los efectos previsibles de la guerra contra Irak, otro golfo energético sube en la lista de prioridades de los estrategas norteamericanos, empeñados en satisfacer la sed insaciable de petróleo de su economía y de la del mundo industrializado.
Se trata del Golfo de Guinea, en la costa occidental de África, donde las grandes multinacionales han realizado con éxito perforaciones desde principios de los 90 gracias al desarrollo tecnológico que hoy permite rentabilizar campos petrolíferos localizados en profundidades antes consideradas como económicamente no rentables (de 1000 metros en adelante). Los descubrimientos realizados en zonas off shore (donde instalaciones sofisticadas y su personal son fácilmente aislables de las turbulencias políticas del continente) sirven de base para convertir esta zona en un nuevo pilar de la seguridad energética global, cada vez más vulnerable.
La región cuenta con productores de primer orden, como Nigeria o Angola (recién salida de tres décadas de guerra civil), Guinea Ecuatorial (llamada ¨el Kuwait de África¨) y Sudán, donde el descubrimiento de hidrocarburos en los ochenta hizo estallar una guerra que no cesa entre el norte musulmán y el sur cristiano.
Los expertos del ramo conocen desde hace tiempo su inmensa potencialidad, los equipos de perforación constituyen desde hace años el principal producto de exportación norteamericano a la zona y la industria petrolera es la principal receptora de las inversiones estadounidenses en África subsahariana, pero en los últimos meses parecen haberse acelerado los acontecimientos también en la esfera política. Poderosos grupos del conglomerado petrolero ejercen presión sobre los gobiernos de la región para elaborar una estrategia coherente que convierta al Golfo de Guinea en una nueva ¨provincia petrolera¨. Funcionarios gubernamentales y legisladores han llegado incluso a calificar la zona ¨de interés vital para Estados Unidos¨, con todas las consecuencias que de eso suelen derivarse.
Los nuevos arreglos previstos para incorporar la región (cada vez más codiciada también por países asiáticos interesados en futuros suministros, como China, Malasia y la India) a los esquemas internacionales de abastecimiento de petróleo incluirían también aspectos militares y de seguridad con vistas a la efectiva protección de las plataformas de extracción y de las rutas de transporte del crudo.
En medio de esos arreglos se planifica también la construcción de una base naval norteamericana en la pequeña isla de Sao Tomé y Príncipe para proteger el paso de los grandes buques petroleros; en los últimos meses varios militares estadounidenses de alto rango han visitado el lugar.
Para la mayoría de países productores, el petróleo ha sido fuente de tensiones, corrupción, represión y hasta de conflictos armados; basta con recordar la actuación de la petrolera Shell en el Delta del Niger o la ejecución del activista y ecologista Ken Sao Wiwa, u otros tantos casos. Pero la oportunidad que ofrece el boom petrolero a los países africanos podría marcar nuevos derroteros.
Al estilo de los arreglos logrados con las multinacionales que construyen el oleoducto Chad-Camerún de 3.700 millones de dólares (la mayor inversión norteamericana en el continente africano), las ONG y otros grupos de la sociedad civil del Norte y del Sur deberán ejercer presiones efectivas para que parte de los ingresos generados por el petróleo se destine a objetivos sociales para resolver, en primera instancia, los problemas más apremiantes de las poblaciones locales.
De este modo, el petróleo (llamado ¨excremento del diablo¨ por sus efectos negativos en los países donde se encuentra en abundancia) contribuiría, más que cualquier retórica actual, a un necesario cambio en las relaciones entre el continente negro y el resto del mundo. África dejaría de ser el ¨pariente pobre¨, eterno receptor de escasas ayudas incapaces de relanzar sus maltrechas economías, para convertirse en un continente de gran valor estratégico para el futuro del mundo.
Sin embargo, probablemente tengan más razón los que insisten en afirmar que lo que se avecina es ¨más de lo mismo¨. Tal como dijo aquel ejecutivo petrolero: ¨Una nueva carrera colonial¨ para la explotación de sus recursos africanos. Esta vez desde alta mar para que hasta allí no lleguen los ecos de los conflictos africanos a los que sólo el desarrollo con justicia será capaz de poner fin.
Fuente: ASODEGUE
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