H O J A nº 3 / 2003
EL HOMBRE ENFERMO DE AFRICA. El próximo domingo, día 19, se celebrará la ceremonia de investidura como presidente para un nuevo mandato del dictador Teodoro Obiang Nguema. Las declaraciones de los dirigentes guineanos posteriores al 15 de diciembre oscilan entre dos polos: aparentar, por un lado, que todo es normal, actuar ¨como si no hubiese pasado nada¨, pendientes de las reacciones de la comunidad internacional y reflejar, por otro, la frustración de unas elecciones que han estado muy lejos del auto-homenaje que se había preparado Obiang, del plebiscito abrumadoramente favorable para el ¨candidato del pueblo¨. Sin embargo, y en términos estrictamente políticos, la enfermedad más grave del régimen guineano no es ni el cinismo, ni la frustración. La enfermedad fundamental es su propia debilidad.
En realidad, el régimen guineano no existe como tal. Sin base política suficiente (es incapaz de ganar una sola de las elecciones que, cada poco, tiene que convocar), carente de instituciones y de futuro, el régimen guineano está cercano a la ficción. En veinticuatro años de dictadura Teodoro Obiang no ha querido formalizar de manera alguna el juego político en su país. No nos referimos a que no haya abierto las ¨instituciones¨ a las formaciones opositoras, es que no las ha abierto a sus propios partidarios. La vida política de cualquiera de ambos (partidarios e instituciones) es un puro manejo de Teodoro Obiang Nguema. Desde las medidas más importantes a las decisiones cotidianas, nada sucede en la ¨Guinea oficial¨ que no sea hechura del dictador. Su ¨crepúsculo biológico¨ tiene reflejo en el ¨crepúsculo político¨ de una situación que, inevitablemente, no le sobrevivirá.
Esta situación (y sus consecuencias) ha sido siempre intolerable en términos morales pero ahora se vuelve peligrosa en términos políticos. La debilidad del régimen guineano contrasta con las enormes riquezas que atesora el país. Estamos diciendo que no tiene instituciones el país destinado a convertirse en la tercera potencia petrolera del continente africano, el país en el que han invertido millones de dólares algunas de las empresas petroleras más importantes del mundo. El ¨crepúsculo biológico¨ del dictador, empeñado en cerrar cada vez más SU régimen, amenaza con convertir la debilidad en vacío político de consecuencias fáciles de prever...
La campaña electoral y las propias elecciones del 15 de diciembre han reflejado claramente el ¨déficit institucional¨ y democrático guineano. Han demostrado la falta de capacidad técnica y de voluntad política del régimen para llevar a cabo un proceso electoral normal. El régimen guineano no puede organizar en solitario ni una elección más.
Esta situación puede tener varias salidas, pero no vamos a referirnos ahora más que a una de ellas. Una salida basada en la existencia real y organizada de la oposición democrática en el interior del país y en el reconocimiento de la existencia de intereses en Guinea de una parte de países e instancias multilaterales del primer mundo.
Hay una parte de la opinión pública mundial que cree que el primer mundo sólo se interesa por los recursos naturales africanos e ignora la situación institucional de esos países. Guinea Ecuatorial puede dar oportunidades para comprobarlo. La UE no puede volver a desentenderse de un proceso electoral en Guinea basándose en que el dictador guineano está incumpliendo sus propias leyes. Los guineanos, ante la situación que padecen, tienen derecho a esperar que cualquier proceso electoral que se celebre en su país, esté garantizado desde el principio por aquellos países que tienen intereses dentro de Guinea. Las administraciones española, francesa y norteamericana, la UE y las propias Naciones Unidas, deben asumir su parte de responsabilidad en la reapertura del proceso democrático en Guinea.
Los guineanos (todos los guineanos) que han desafiado a la dictadura en esta campaña electoral tienen derecho a que su existencia y su esfuerzo sean reconocidos en términos políticos por la comunidad internacional. Estos mismos guineanos no merecen que se les condene a participar nunca más en procesos electorales claramente trucados o a soluciones mucho más dramáticas para todos.
OACPDS-Madrid 13 enero 2003
Fuente: OACPDS-Madrid.