El boletín AFRICA ACTUAL, publicación del OPSAF (Observatorio Permanente de las Sociedades Africanas) ligado al Centre d´Estudis Africans de Barcelona incluye en su número 22 de abril de 2003 el artículo siguiente:
Cumbre francoafricana: el fantasma del colonialismo se resiste a desaparecer
Los días 20 y 21 de febrero tuvo lugar en París la cumbre francoafricana, que periódicamente reúne al presidente francés con los líderes de las antiguas colonias de Francia en África. Como ya es habitual, representantes de países no francófonos también asistieron a la reunión. La cumbre de este año estuvo marcada por dos hechos: el intento del presidente Chirac de conseguir el apoyo de los países africanos a la postura francesa en las Naciones Unidas en referencia a la crisis iraquí; y las críticas por la invitación y el buen recibimiento otorgados a diversos dictadores, especialmente al presidente de Zimbabwe, Robert Mugabe.
El encuentro de París debe ser considerado como parte de un intento más global por parte de Francia para reforzar sus lazos con el continente africano y recuperar el tiempo perdido durante los años 90. Después del desastre de la intervención militar en Ruanda en 1994, y la participación, al menos indirecta, de los franceses en la preparación del genocidio en aquel país, algunas de las políticas tradicionales empezaron a cuestionarse. En 1997 la caída del dictador congoleño Mobutu, estrecho aliado de Francia hasta el último momento, reforzó los argumentos de los partidarios del cambio. El gobierno de Lionel Jospin intentó reformar el Ministerio de Cooperación, se retiró de algunas bases militares en la República Centroafricana, y en 1999 se negó a intervenir en ayuda del presidente Bedié en Costa de Marfil cuando se produjo un golpe de estado que lo derrocó. Además, los tribunales empezaron a investigar diversos casos de corrupción ligados a la financiación ilegal de los partidos políticos franceses y sus conexiones con numerosos dictadores africanos. Estos hechos coincidieron con una cierta expansión de la presencia norteamericana en Africa, que incluyó la instalación de un gobierno bien visto por los Estados Unidos en Ruanda, o la presencia de asesores militares americanos en Senegal o Malí en el marco de la Iniciativa Africana de Reacción a las Crisis (Acri), impulsada por el presidente Clinton.
Ante estos acontecimientos, el presidente Chirac se había mostrado siempre partidario del mantenimiento de los lazos tradicionales con los gobiernos africanos. Chirac ha estado política e históricamente relacionado con África, y ha sido acusado de haberse aprovechado de las redes de corrupción en el continente. En los últimos tiempos la política francesa parece indicar un cierto retorno a las viejas prácticas intervencionistas, especialmente en el caso de Costa de Marfil, donde se han enviado miles de soldados y se ha impuesto un acuerdo de paz al gobierno de Laurent Gbagbo.
La cumbre del 20-21 de febrero pudo ofrecer la apariencia de un cierto triunfo diplomático del Elíseo, sobre todo por el apoyo de los países africanos a la postura francesa sobre Irak. Chirac, además, prometió defender una congelación de los subsidios de la Unión Europea (UE) a la exportación de productos agrícolas, reduciendo así la competencia que representan para los países africanos. Francia también pudo imponer la presencia de Mugabe en París, en contra de la posición británica.
Pero, más allá de los gestos, la importancia práctica de la cumbre todavía está por ver. La resolución sobre Irak habla de mantener el conflicto dentro del ámbito de la ONU y de evitar la guerra, pero esto ya había sido defendido por los países africanos antes de la reunión, y no excluye que al final diversos estados con fuertes lazos con los norteamericanos puedan aproximar sus posiciones a las demandas de Washington. Los Estados Unidos, por ejemplo, disponen de un amplio despliegue militar en Djibouti, país en el cual se encuentra situada también una de las bases militares francesas más importantes. La propuesta de Chirac de congelar los subsidios para la exportación contrasta con la política francesa de fuertes subvenciones a los agricultores europeos y es mucho más tímida que el proyecto presentado por la Organización Mundial del Comercio para eliminar totalmente estos subsidios en los próximos nueve años. proyecto al que Francia se opone.
La presencia de un buen número de dictadores en París también ha ayudado a perpetuar la imagen de Francia como un país más tolerante con las violaciones de los derechos humanos y la mala gestión económica, que intenta basar parte de su influencia en el apoyo a gobiernos sancionados por la comunidad internacional. Especialmente graves han sido los caos de Togo, que tiene las ayudas de la UE bloqueadas desde hace años por culpa de los repetidos fraudes electorales; o de Zimbabwe, país sancionado por la UE y cuyos líderes tienen vetada la entrada en territorio europeo. Francia impuso la presencia de Mugabe en la cumbre pese a las sanciones que lo prohibían. Estas actitudes dificultan que la UE muestre una postura común y creíble ante el continente africano. La cumbre UE-Africa que debía celebrarse en Lisboa próximamente se ha pospuesto de forma indefinida porque en este caso fueron la Gran Bretaña y algunos países nórdicos los que amenazaron con boicotearla si se invitaba a Zimbabwe.
Fuente: ASODEGUE