H O J A nº 50 / 2003
¿SE ABRE EL ESPACIO POLÍTICO EN GUINEA ECUATORIAL? Aparentemente algo podría estar cambiando en Guinea Ecuatorial. Hace un mes y unos pocos días el secretario general de CPDS estaba en la cárcel, hoy está en libertad y acaba de publicar un artículo poco complaciente con el régimen guineano en un periódico de gran difusión. Plácido Micó y sus compañeros habrían pasado de ser un ”peligroso grupo de radicales” a ser un partido legalizado más, al que se convoca a una reunión de repaso del Pacto Nacional. No se les hace un caso especial en las conclusiones, pero se les concede un papel protagonista en la discusión.
No es esta toda la realidad: Plácido Micó ha salido de la cárcel junto con otros diecisiete presos más (entre ellos algún claro colaborador del gobierno), pero quedan en prisión otros treinta presos políticos, alguno de ellos (Felipe Ondó) en condiciones oprobiosas. El secretario general de CPDS puede desplazarse con una cierta libertad por el país, pero ha recibido amenazas claras de parte del propio dictador y de su servil Ministro de Información. Los acuerdos de Mbini (que tienen que ser ahora aprobados por el monocolor parlamento guineano) incluyen alguna modificación importante relativa al derecho de reunión, pero muestran sobre todo el inmenso camino que queda por recorrer en una transición política muchas veces entreabierta y siempre clausurada por el régimen guineano...
¿Qué ha conducido a esta ”nueva” situación? Sin duda las presiones exteriores y un nuevo marco de relaciones internacionales. Cada vez que los países occidentales intervienen, o patrocinan la intervención, en una región del mundo justificándose en la defensa de los valores democráticos, un sudor frío recorre la espalda de la dictadura guineana. Obiang y los suyos quieren responder a esta situación con un discurso de ”unidad nacional”, que integre a CPDS, y les permita así (creen ellos) amortiguar sus exigencias democráticas. Guinea ha dejado de ser un pequeño país aislado, su condición de tercer productor de petróleo de Africa subsahariana, hace confluir en él un conjunto complejo de intereses que se acomodan con alguna dificultad a la dictadura personal impuesta por Obiang. ¿Va a cambiar de manera sustancial la situación política en Guinea como consecuencia de estas presiones exteriores?
Somos excepticos respecto a esta posibilidad. Una característica esencial de la dictadura guineana (de esta y de la anterior) ha sido expulsar de la política a la inmensa mayoría del país. De hecho, la política en Guinea ha estado restringida a los círculos más cercanos (en términos familiares, incluso) al dictador. La historia de los últimos diez años es la del intento permanente de sectores guineanos de acceder al juego político, y de Obiang y los suyos de mantenerlos fuera. La llegada de los dineros del petróleo no ha contribuido a disminuir esa cerrazón. Es cierto que en algunos (no en todos) sectores del régimen se aprecia un cierto cansancio, una cierta voluntad de llegar a un consenso sincero con la oposición, pero no será fácil que tal cosa sea aceptada por Obiang. Nos parece que Plácido Micó está en lo cierto cuando afirma que todo es una estratagema, una argucia del régimen para sortear una situación que, momentáneamente, se les presenta difícil... Las próximas elecciones legislativas nos darán la oportunidad de comprobarlo.
¿Qué cabe esperar en todo esto de la diplomacia española? Poco o muy poco. El Ministerio de Asuntos Exteriores español está instalado en la complacencia. Todo le parece bien. Ha trabajado por liberar a Plácido Micó, pero lo ha hecho dentro de las perspectiva de mantener unas relaciones nada molestas para Obiang y compañía, lo que le ha llevado a reunir en estos catorce meses una colección de torpezas difícilmente igualable. La última de ellas ha sido su empeño en que Micó, o su partido, escribiesen una carta solicitando indulto al dictador (véase al respecto el reciente articulo de Micó en El País). Por otra parte, Obiang ha exhibido por dos veces en el último mes la supuesta fotocopia de un escrito que Felipe Ondó habría enviado (a principios de 2002) a la embajada española en Malabo pidiendo ayuda para un golpe de estado y dando una lista de supuestos colaboradores entre los que estaría Plácido Micó. No dudamos de que se trata de una invención de Obiang, pero no nos parecería mal que la embajada española desmintiese la autenticidad del documento y la posibilidad de que los escritos que se le dirigen puedan acabar en manos del dictador.
Las relaciones España-Guinea parecen seguir el guión escrito en Malabo el pasado mes de abril. Las inversiones españolas tienen ya un estatuto legal y es posible que se animen por la inclusión de Repsol entre las empresas petroleras con concesiones en aquel país. La puesta en libertad de Plácido Micó valdrá también para justificar la visita (próxima) a Malabo de la Ministra de Asuntos Exteriores y quizás, a finales de año, del presidente Aznar. Es cierto que el régimen guineano recibe presiones de la comunidad internacional para su democratización, pero nuestro país dimitió hace mucho de cualquier papel dirigente en ese sentido...
El trabajo de solidaridad con el proceso democrático guineano y las formaciones que lo representan debe continuar. En este sentido sigue siendo prioritario exigir la puesta en libertad de los presos políticos (Obiang dice que su enfrentamiento con Felipe Ondó no es un tema político, que es un asunto familiar), denunciar la corrupción y defender los principios democráticos. Seguiremos en ello y, estamos seguros, nos acompañarán todas las organizaciones y personas con las que hemos venido trabajando hasta ahora.
ASOCIACIÓN PARA LA SOLIDARIDAD DEMOCRÁTICA CON GUINEA ECUATORIAL (ASODEGUE)
11 de septiembre de 2003
Fuente: ASODEGUE