En Guinea Ecuatorial hay actualmente un icono, Felipe Ondo Obiang, reflejo del estado del país.
La pervivencia de la reclusión, con tortura, de Felipe Ondo indica que en Guinea casi nada ha cambiado en materia de Derechos Humanos y sigue siendo una dictadura cruel, reflejada en las cadenas que atan a Felipe.
Felipe Ondó, al igual que sus compañeros en la prisión de Black Beach, al igual que Plácido Miko, refleja la capacidad del Hombre de mantener su dignidad contra la tiranía, a cualquier precio, sin desfallecer. Sea cual sea el futuro próximo de los encarcelados, Obiang, el castigador, ha fracasado estrepitosamente. Su política de comprar a los disidentes o de castigar a los disidentes que no claudican, se ha estrellado esta vez contra unas personas que han demostrado a todos los guineanos que se puede vencer la barbarie de la dictadura, resistiendo y manteniendo la dignidad. Es una gran lección la que estamos recibiendo todos.
Muchos del interior repiten hasta la saciedad que Guinea es distinto y nada se puede hacer para aguantar la embestida de la dictadura. Claudican aireando que es imposible resistir las villanías de Obiang. Ejemplos de cobardía son los Buenaventura Mosuy y todos los ”líderes” de los partidos ficticios que comparten las rentas del petroleo como miembros de un gobierno que es, en el fondo, una asociación de premiados por el silencio y la inacción. Los familiares de esos líderes, al igual que muchos familiares, constituyen la quintacolumna de la dictadura al presionarles a la claudicación: ”deja de hacerte el fuerte y cede. Así nos dejarán en paz e incluso te pagarán bien. Todos lo hacen ¿por qué tienes que ser tú el único que aguanta?”.
No hace mucho un contertulio del Foro Patricio Nbe dijo aquí que algo tiene que tener nuestra sociedad para haber alumbrado a tipos como Macias y Obiang. Y tiene toda la razón. El fang en general está acostumbrado a recibir favores de sus familiares bien situados y a no hacer esfuerzo alguno. Según ellos esa es la tradición: el que tiene, da a los demás. Paternalismo del que tiene y pasividad del que no tiene. Y el que tiene no es por méritos propios sino por la magia del Akoma (ungido) o por obedecer al poderoso, que en tiempos fué el blanco y ahora es Obiang.
Esta filosofía es la que se ha impuesto entre la población guineana: fangs, bubis y ndowes (los annoboneses parecen ser muy distintos, quizá por su alejamiento al hecho tribal).
Esta filosofía que se intenta presentar como la ”tradición” no tiene nada de tradicional sino de cobardía y holgazanería. El fang de hace 200 años no era cobarde ni holgazán.
Como prueba de que no todos los guineanos riman al compás de la demencia violenta de Obiang, tenemos a Felipe Ondo, el gran icono de la DECENCIA y de la DIGNIDAD. El símbolo de que la dictadura no ha triunfado barriendo todo vestigio de rebeldia. El símbolo de que no todo está perdido.
Porque cuando la violencia triunfa, estamos asistiendo al fin del Hombre y de su historia.
Con los HOMBRES que quedan en Guinea, es posible reconducir su trayectoria futura fuera de los mares escabrosos que vemos actualmente: la cultura de la corrupción, la cultura del atajo y el corto plazo (como califica esas conductas el alcalde de Bogotá), la cultura que cambia vida por dinero (prostitución-promiscuidad -> SIDA->muerte), la cultura de la violencia generalizada (en el lenguaje, en los gestos, en los hechos), el desprecio por el trabajo bien hecho, el desprecio por la formación, el ”Don´t think, just do it”, etc.
Trabajar por la dignificación del hombre es con frecuencia una tarea ingrata. Pero cuando se tropieza con fenómenos como Felipe Ondo, uno se reconforta y concluye que no está equivocado.
Gracias Felipe Ondo,
Gracias Plácido Miko,
Gracias Guillermo Nguema Ela,
por dar sentido a nuestras vidas y recordarnos que el sacrificio es la via para el éxito final del HOMBRE.
Lástima que Obiang Nguema sea incapaz de entender vuestro mensaje y de concluir que con vosotros ha fracasado la brutalidad que él representa.
Nvo e´Zang Okenve Mituy
Fuente: Celestino Okenve