Mientras el pueblo guineano permanece expectante ante el desenlace final de la tiranía del primitivo Obiang, se están desarrollando de forma paralela unos hechos que constituyen epifenomenos extraños, muy alejados de lo que puede suceder a medio plazo en Guinea.
Por un lado están los acontecimientos protagonizados por el todavía mandamás de Guinea: llamamientos a la vigilancia, giras en búsqueda del poder perdido, juicios en consejo de guerra a invisibles disidentes, viajes a Sudáfrica, etc.
En cuanto a la necesaria y urgente normalización de la vida social, política y económica, nada de nada. El gobierno está paralizado por mor de la seguridad y de la desconfianza generalizada contra todo aquello susceptible de moverse. Diríase que Obiang va por un lado y el país va por otro, como él mismo reconoce extrañado de que nadie se queje ni diga ya nada, justo a estas alturas que todos los guineanos del interior están cansados y perplejos de la inmutabilidad del pensamiento y de la acción dictatorial. Jamás fué tan grande el divorcio entre el tirano y el pueblo. El silencio de la Guinea interior nos recuerda el silencio que precedió la caída de Macias, como el que antecede una tormenta tropical.
Por otro lado está la frenética e inexplicable acción del Gobierno español para con la dictadura: Condonación de la deuda en un formato difícilmente homologable a los usos de la comunidad internacional. Viajes de los dos responsables de Exteriores para ser galardonados con medallas acuñadas con la sangre de los guineanos, un extraño viaje al corazón de Rio Munio, justo donde penan la locura ajena dos iconos de la disidencia anti-obiang: Felipe Ondo y Bienvenido Samba. Buques de guerra levando anclas en frenesí ofensiva con destino a Guinea, un destino que luego se convertiría en una aproximación asintótica en clave de amenaza. El viaje extraño del ministro de comercio español a Malabo y el encuentro en el país de Mandela entre Obiang y el jefe máximo del ejército español.
Todo hecho con ánimo de misterio, justo a las puertas de las elecciones generales españolas. ¿Lo entiende alguien?.
De Malabo se puede esperar que Obiang pretenda inutilmente dar la sensación de que controla algo. No controla ya nada y ya no tiene poder, salvo la capacidad para detener, torturar y encarcelar fuera de la Ley. Huir hacia la nada con consejos de guerra es un atajo hacia su propia implosión, porque lejos de normalizarse la situación después del juicio ilegal y sin garantías que se está celebrando, el estúpido acto de Bata dejará más heridas, más odios y más malestar que antes. Y por ello la tiranía se verá sometida a más inestabilidades por la falta de apoyo de casi todos los sectores que aún se aferraban al dictador.
Si Obiang ya no dispone del apoyo de su clan, si sólo le resta la capacidad para hacer daño con el puñado de incondicionales y si nunca tuvo habilidad para gobernar ¿Qué más podemos esperar de este moribundo régimen?. Sin duda alguna sólo más sangre, sudor y lágrimas de los guineanos. ¿Hasta dónde podemos permitir esta sangría?
Y de la España oficial, que realiza actos privados en nombre de actos de Estado, poco queda añadir. Sus movimientos están al parecer para garantizar plusvalías personales a los que ejercen el poder desde Exteriores, pues otra cosa no parece que exista tras el ir y venir de ministros a Malabo con medallas adornadas con calaveras guineanas. Además de las calaveras, otras cosas traen con prisas estos españoles que nunca hicieron labor de Estado en Guinea. ¿Qué ha ganado España como Estado en las relaciones casi delictivas con el tirano del Golfo de Guinea?. Ni un contrato serio de obras para una empresa española, ni barcos españoles faenando con garantías, ni una participación en empresas de petróleo, ni una concesión petrolífera ni maderera digna de mención, ni un aprecio de la población guineana, ni un mayor desarrollo democrático, ni un sistema judicial que garantice las futuras inversiones, ni siquiera el fin del sufrimiento del pueblo guineano. Es imposible que tanta actividad contranatura no haya supuesto ningún rédito.
La actual legislatura española se va a despedir, mientras el tirano sigue, herido de muerte pero todavía capaz de tiranizar al pueblo guineano.
Dejemos las claves de Obiang y las claves de España. Poco nos importan a estas alturas y ninguna de ellas revela nada halagüeño para los guineanos.
Ahora toca hacer un calendario propio para nuestro futuro. Aquellos que siguen esperando de España o de Obiang, deben ser apartados de las decisiones que haya que tomar a corto plazo. Ya está bien que las campanas doblen siempre por nuestros muertos. Va siendo hora de que las campanas celebren la caída del tirano.
Nvo e´Zang Okenve Mituy Obono Mbo Baa Elui Zama
Profesor Univ. Politécnica Madrid
Fuente: Celestino Okenve