Por Sánchez Memba
Yaundé, 10 mayo (LD).- La actual situación política que vive el proceso de la transición democrática de Guinea Ecuatorial y que muchos observadores coinciden en calificar de escandalosa es, sin duda alguna, uno de los casos más insólitos registrados en África subsahariana en su primera década de democracias pluripartidistas.
Todo comenzó como chanzas. Pero a estas alturas el balance es muy penoso: más de 100 detenciones, incluidos líderes de la oposición representativa. El último en ser detenido ha sido Plácido Mikó Abogo, máximo dirigente de la oposición y Secretario General de la Convergencia para la Democracia Social (CPDS), quien después de unas horas en la cárcel pública de Malabo (Black Beach), inició anoche un arresto domiciliario con consecuencias hasta ahora impredecibles, si bien ha desatado una gran preocupación en torno a su futuro político y a la supervivencia de su partido.
Felipe Ondó Obiang, de la hasta ahora no legalizada Fuerza Demócrata Republicana (FDR), Fabián Nsue Nguema Obono Secretario General de la facción opositora más representativa de la desarticulada Unión Popular (UP) y Plácido Mikó Abogo Secretario General de la Convergencia para la Democracia Social (CPDS), el único partido estable y de la verdadera oposición al régimen de Malabo, constituyen para cualquier observador imparcial de la democracia guineana no únicamente emblemas sino también los únicos líderes de la oposición digna de este nombre.
A la gente normal le cuesta mucho definir este tipo de situaciones, ya que no pueden imaginar que alguien, en un Estado democrático de derecho, utilice con o sin ninguna razón sus fuerzas sólo con el único objetivo de deshacerse de sus adversarios políticos y mantenerse en el poder gracias al sufrimiento de los demás. No se trata de un caso fortuito ni espontáneo. Desde su comienzo, el proceso de la transición democrática de este país es de los más ilusorios y aparentes registrados en África. De hecho, el régimen ha desarticulado a doce de los trece partidos legalizados, cuyos responsables ostentan cargos públicos, mientras se debate sobre la representatividad de sus formaciones políticas en el espectro nacional.
La CPDS que, después de la ilegalización de PP, la desarticulación de UP y la negativa en autorizar a FDR, constituía la última esperanza de cambio y al que el régimen parecía haber agotado estrategias para desestabilizar, está a punto de entrar en una fase que, de cumplirse, el país se retornaría automáticamente al régimen de partido único. El que puede que refute que si no es Plácido Mikó, Fabián Nsue y Felipe Ondó, hay otros líderes políticos con residencia en este país.
Pero desde que comenzó esta historia el debate ha sido tan empírico que únicamente se torna a una supuesta estrategia pro electoral de cara a las presidenciales del próximo año, como si se ignorase que la facilidad de reprimir es una de las notas más características en la historia independiente de este país. Y vaya lo uno por lo otro en un país en que, más que la dignidad, importa mantenerse en el poder y maniatar a todos los que quieren hacer suyo el derecho de la racionalidad, la democracia y el respeto de las libertades fundamentales.
Con la detención de Mikó ante los ojos indecisos de un pueblo que no tiene espíritu de lucha, el régimen está a apunto de marchitar la democracia y salvaguardar el monopartidismo, donde cree tener un poder que no tendría si legitimara la democracia liberal con la que se ha comprometido en los presupuestos constitucionales de los últimos diez años.
Precisamente, los problemas que plantea el anuncio de una supuesta desarticulación de un Golpe de Estado tienen tintes inverosímiles, si partimos del hecho de que la Fuerza Demócrata Republicana (FDR), partido al que se atribuye dicha intentona ha venido solicitando su autorización desde que fuera constituida en 1995. E incluso, cuyos dirigentes, ante su inseguridad física, decidieron exiliarse al exterior y adquirieron un reconocimiento oficial de la ACNUR. ¿De autorizarles o dejarles permanecer en el exilio, no se evitarían escándalos como los que hoy mantienen en vilo a la opinión pública nacional e internacional? Alguien debe pronunciarse públicamente y con sentido de sinceridad, antes de que se derrame sangre inocente.
No se sabe si el término vulgarmente expresada como la experiencia es la madre de la ciencia es aplicable para todos, es decir, incluidos políticos o los que detentan el poder violento. Si tal fuera el caso, es enjuiciable que a medida que un régimen que antes fuera monolítico y ahora se precia de democrático va acumulando más años en la magistratura, es evidente que debe ir alejándose de ciertas prácticas antidemocráticas propias de una época en que al presidente de la república se le consideraba como el único hombre capaz y por tanto, tenía la potestad de oprimir política y económicamente a su pueblo.
Prácticamente resulta un lenguaje difícil de comprender en un proceso tan contradictorio como el que orea a la democracia pluripartidista de Guinea Ecuatorial, donde hoy se habla del Estado de derecho y mañana se ejecutan detenciones sin órdenes judiciales. En un proceso donde se ha concedido el valor tan desigual a la vida del ser humano, hasta el extremo de que las cuestiones que afectan al bienestar colectivo de los ciudadanos, como el suministro de luz, agua y vivienda, quedan relevadas por asuntos de naturaleza familiar. Aquí, en Guinea Ecuatorial, el régimen no reacciona con igual contundencia ante problemas sociales que ante unas supuestas injurias de un señor que, en el contexto sociocultural, económico y político de Guinea Ecuatorial se le considera anormal, aunque efectivamente lo es, porque no bebe ni fuma ni practica adulterios. No es drogadicto ni traficante de droga. No le gusta el enriquecimiento ilícito ni quiere acumular riquezas provenientes del patrimonio de todos. Es anormal porque no practica esas cosas consideradas muy normales en una sociedad en que el cambio de mentalidad se confunde con la adquisición de coches lujosos y la dotación del más absoluto poder a los mediocres. Creo que todo esto es más aberrante, más injuria que las palabras que haya plasmado en el papel cualquier ciudadano que reprocha la uniformidad de opinión en cuestiones que afectan a nuestras vidas porque le place al emperador. Sin embargo, él está en el banquillo y los que practican la amoralidad no.
Creo que la idea básica a propósito de esta reflexión es que Guinea Ecuatorial presenta factores de sociedad inerme. Una sociedad que ha perdido contacto con la realidad y la esperanza en su capacidad para estructurar su propio destino.
En este sentido, creo que la gente no debe ceder a sus sentimientos. Hay que encontrar medios, aun en estas circunstancias, para abrir paso a la esperanza. Si Occidente es como es hoy en día ha sido gracias a la aportación de cada uno de los occidentales. Esto es lo que nos queda por hacer, y no pasar toda la vida refugiándose, lloriqueando debajo de las camas y culpando nuestras desgracias a un ser tan natural como nosotros mismos. Mientras esperamos esto, dejémonos en plantear de que estamos en este país por algún percance paradisíaco que nos obligue eternamente a una competitividad y rivalidad desastrosa.
Pero lo que todavía los guineanos del siglo XX y XXI jamás supieron, y aun cuando lo supieron no lo mentalizaron, es que la necesidad de una justicia, que ponga desde la imparcialidad que ningún hombre puede encarnar, se revela en esos refranes transmitidas de generación en generación y en todas las sociedades y culturas del mundo: la sangre inocente derramada pide venganza. El castigo persigue al malhechor. El crimen no puede quedar impune.
Fuente: LD