Rafael Cid
No recuerdo ahora qué presidente de Estados Unidos de entreguerras fue su autor (Roosevelt o Truman), pero la frase ha pasado a la historia de la diplomacia y del cinismo elevado al cubo, que tanto monta. El caso es que preguntado el prócer yanqui por un ingenuo interlocutor sobre las razones por las que Estados Unidos, cuna de la democracia y tal, apoyaba la dictadura de la familia Somoza en Nicaragua, y harto de echar balones fuera, el aludido dijo:
-Ya lo sé. Somoza es un auténtico hijo de perra. Pero qué quiere usted, es nuestro particular hijo de perra.
Pues bien, algo de semejante jaez está ocurriendo respecto a la posición de España con el sangriento y genocida régimen de Guinea Ecuatorial. La antigua colonia española, reconocida por todos y cada uno de los informes anuales de Amnistía Internacional como una dictadura bananera a sangre y fuego es la eterna protegida del actual gobierno del Partido Popular. Aznar, haciendo caso omiso de la protesta de organismos internacionales, de las reconvenciones de las Asociaciones de Derechos Humanos y de las denuncias de la propia y diezmada oposición guineana ha tomado a Teodoro Obiang como su particular hijo de perra.
Es un caso insólito, que debe encubrir objetivos adyectos, posiblemente lindantes con la explotación de los recursos petrolíferos del país centroafricano, ranking en el que Guinea ocupa uno de los primeros puestos del continente con tendencia imparable al alza. Lo sangrante es que siendo Guinea Ecuatorial un país rico es una de las más preciadas fuentes de energía, el cortijo de Obiang y su extraña familia no permite que mínimamente sus rentas alcancen a la depauperada población. También figura en el ranking, pero en caída libre, que el pueblo guineano es uno de los más pobres de Africa y que sufre uno de los peores índices de mortandad infantil por enfermedades curables.
Cárceles colmadas, como la siniestra ergástula de Black Beach de Malabo, desaparecidos a mano de los Tonton Macoute de Obiang, siniestros sacrificios rituales contra miembros de la oposición, una diaspora forzosa que alcanza casi a la mitad de la población y la práctica esquilmación del patrimonio nacional a manos del dictador y su corte de multinacionales vampiros constituyen el activo que al parecer justifica el apadrinamiento de José María Aznar al angel exterminador ecuatoguineano. Otra forma de la razón de Estado. Sin duda con el agradecimiento de los poderosos lobbys españoles e internacionales que explotan su abundante y barato oro negro, los frondosos bosques de exóticas maderas y el valioso marfil de su depredada fauna. Y de los gobiernos europeos que utilizan la isla de Anobón como basurero nuclear incontrolado.
El circunspecto Aznar del brazo del mayor pater familias del narcotráfico centroafricano. El soso Aznar, promocionando en el Congreso Mundial del Castellano, celebrado recientemente en Valladolid, a un jefe de Estado que ha hecho de la tortura sistemática su principal arma de gobierno y sumisión. El henchido presidente de la democrática Unión Europea, en fin, homologando en el Foro sobre la Vejez, que acaba de cerrarse en Madrid con la presencia del secretario general de Naciones Unidas, al tirano que ¡al mismo tiempo que deja a oscuras durante un mes la capital de Guinea para facilitar la eliminación física de las últimas voces de la resistencia!.
¿Cuánta sangre más tiene que correr para que Teodoro Obiang Nguema deje de ser nuestro particular hijo de perra?. ¿Cuántos negocios tienen que hacer aún los amigos de Aznar para que el verdugo detenga la masacre?. ¿Cuándo terminara la cacería del canibal y rico hombre blanco sobre el sencillo y pobre hombre negro?.
Fuente: http://www.red-libertaria.org/2002/vaiven/obiang.h