GUINEA ECUATORIAL/ DICTADURA PROCCIDENTAL.
¿Quién es Teodoro Obiang Nguema?
Pararrayo Edjodjomo. Libreville, sábado 22/06/02
Desde hace casi 27 años, todos los interrogantes sobre las dictaduras de Guinea Ecuatoial tropiezan con un interrogante: ¿quién es Teodoro Obiang Nguema? En los últimos 12 años, la dictadura ecuatoguineana ha visto su potencial desplazarse, de local ha pasado a mundial, logrando engañar si no convencer a la comunidad internacional, muy atraído por los 500 mil barriles de petróleo que se extrae de los maravillosos pozos de campo Alba, Zafiro y Ceiba, de este pequeño país de a penas medio millón de habitantes, sumidos en la más abyecta pobreza. Aunque parte de los actores de la cruenta dictadura guineana han desaparecido y otros han aparecido sobre el escenario, pero sólo uno ha seguido estando presente: Teodoro Obiang Nguema, verdadero motor de las dos dictaduras que ha conocido el país, al menos, desde 1975. En el último acto de los más dramáticos, aun cuando aparecen ya las señales de fin de reino, sigue dominando el escenario, rodeado del apoyo de ciertos países occidentales más industrializados, como si una mano esotérica amoldase la puesta en escena desde los bastidores de la historia, planteando al público atónito el enigma de la brujería, de la estupidez y del terror, como si fuera la primera y la última vez.
Teodoro Obiang, que al igual que su tío, el también dictador Francisco Macías Nguema, actúa como un espejo seductor que sólo refleja las debilidades y los defectos, haciendo que todo lo demás parezca falaz y superfluo; transforma en burla la idea de víctima y de inocencia; le gusta a colocar en puestos importantes a los peores canallas, los corruptos empedernidos y los sinvergüenzas, no tanto para recompensarlos como para ridiculizar los valores de la sociedad, porque sabe que actuarán en consecuencia. De hecho, en este pequeño país los académicos y los analfabetos actúan por igual al frente de las instituciones.
En el primer trimestre del presente año 2002, fue proclamado por el parlamento „candidato del pueblo“ por haber transformado la indiferencia y la miseria del pueblo ecuatoguineano en victoria de la nación y por haber logrado que la comunidad internacional crease en su tesis de que „el petróleo está por encima del respeto de los derechos humanos y de las libertades fundamentales“. Precisamente, a finales de mayo la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, con los aplausos de los gobiernos de España, Francia, Estados Unidos, y ante la atenta mirada de la Unión Europea suprimió la figura del Relator Especial para Guinea Ecuatorial.
Luego planificaron el complot contra el pueblo vulnerable de Guinea. Depurar su última resistencia y esperanza. Prefabricaron una supuesta trama golpista y prometieron un juicio sumarísimo al más alto nivel. La persecución está en marcha. Se logró encarcelar a los principales líderes de la oposición; la histeria de la prensa y del colegio nacional de abogados completarían el drama.
En nombre del „gran movimiento de masas“, el gobernante Partido „Democrático“ de Guinea Ecuatorial, se admite de todo. Obiang „es el único hombre capaz, el mejor hombre“. Ha conseguido despertar los miedos ancestrales, amedrentar al pueblo, sofocar el odio, el tribalismo y la amoralidad. Las fuerzas del orden, los militares y la prensa estatal actúan al unísono, con una perfección fantástica; y mientras se diseñan unos planes para una nueva sucesión anticonstitucional en la presidencia de la república, se suprime la democracia y el pluralismo político por la explotación del petróleo y la vuelta al partido único, que esta vez no será de „Trabajadores“, como lo hiciera su tío sino de „democracia aristocrática“, destinada a promover y a defender únicamente los interese de quines participan en el botín petrolero. Sin embargo, la euforia persiste: los socios occidentales, que no quieren mirar a otro lado para ver cómo se va desdibujando lentamente la tragedia guineana, mantienen que el régimen „tiene buena voluntad, fomenta la paz y la democracia“.
La oposición democrática, representada por Convergencia para la Democracia Social (CPDS), una facción de Unión Popular (UP) y la hasta ahora no legalizada Fuerza Demócrata Republicana (FDR) [éste último tiene todos sus dirigentes en las celdas y otros en el exilio en España] explica con desesperación a los diplomáticos occidentales, los amigos íntimos de la petrodictadura, el drama que se está preparando, pero se da de bruces con sonrisas irónicas, inclinando que Occidente fue transformado por los propios occidentales- como si ignorasen que su influencia repercute en el proceso de libertades que impusieron en nombre de una auténtica cooperación-, mientras organizaciones internacionales pro-derechos humanos como Amnistía Internacional se les agota los recursos por denunciar una situación que está siendo promovida y mantenida por sus conciudadanos occidentales, que les financia.
El 10 de marzo del presente año, cuando se reunió con sus cuatro hermanos y primos [los generales Armengol Ondó Nguema, Agustín Ndong Oná, Antonio Mba Nguema y Manuel Nguema Mba] para decidir sobre la muerte de la oposición democrática, dos de ellos se opusieron, porque el resultado sería muy impúdico. Sin embargo, les anunció que contaba con el máximo respaldo de sus socios occidentales y que había invertido suficiente dinero del petróleo al respecto, por lo que no podía dar marcha atrás: „mis confidentes occidentales me han aconsejado que las organizaciones pro-derechos humanos internacionales se cansarán y terminarán callándose después“, les dijo.
Prevalece desde entonces un ambiente de desintegración moderada del que nunca podrán dar idea los archivos de ese periodo. La personalidad de Obiang aflige de nuevo y transforma definitivamente en pesadilla la conciencia de todos, familiares, adeptos y adversarios. La opinión nacional reconoce que quien no se haya vuelto loco durante los últimos diez años, no es normal en este país del teatro del absurdo.
Pero a Obiang no se le puede conocer realmente si no se tiene en consideración el misticismo que tanto él mismo evoca [mi poder proviene de Dios]. Hay que hablar de la patología de Teodoro Obiang y de su matrimonio. Los padres de Obiang salieron de Gabón a finales de la década de los 30 del pasado siglo, después de intensas reyertas familiares en disputa de reliquias brujeriles de sus antepasados. Nguema Eneme, su padre, consiguió jugar a sus familiares después de un lapso de conciliación interna. Cruzó el río Kie y se escapó a Guinea Española trayendo consigo las reliquias que disputaban. Se sabe con certeza que la señora de Obiang también proviene de una familia habitualmente dedicada a la bujería, de hecho el mal tacto entre ambas familias. La suegra, Okom Mba Esono, es una bruja despiadada, con la cual, sin éxito, ha intentado despojar a su yerno del poder. Constancia, la primera dama, vive con doble moral a la sombra de esta tragedia, corroída por la ambición, la envidia y el deseo de venganza. No menos que su marido, ambos están considerados como gentes amorales, sin nadie de confianza a su lado. Y como cuenta uno de sus epígonos seguidores, „la pareja presidencial guineana no se fía ni de su propia sombra“. No en vano Macías veía en él como hombre tímido, cobarde y cínico.
Hasta los niños de tierna edad, que conocen el ambiente político guineano, consideran que el papel de la mujer de Obiang es enorme. A vista de pájaro, tiene la voz y la sensibilidad de una persona humanitaria; sin embargo, no es en absoluto consciente de la realidad. Al igual que su marido, posee un instinto muy preciso del peligro y un bellaco talento para engañar a la gente. De sus actuaciones y comportamientos, rebosa de digresiones utópicas dignas de una persona visionaria, diluidas con genuinos preceptos sobre el maltrecho de sus adversarios. Ella se encarga de seleccionar a los colaboradores más directos, porque posee un instinto innegable para elegir todo aquello que es hipócrita, pervertido, con una ambición enfermiza, al igual que, de forma frívola, sabe hacerse de inocente cuando la hipocresía queda destapada.
Es posible que se trate de gente que, por causa de su procedencia familiar, se ven alejadas de la sociedad, que sueñan en exterminarla, y en cuanto tienen la más mínima oportunidad, la provocan con una pasión maligna. Su historia de amor es muy justa y no está desprovista de suerte. Dos seres con idénticas peculiaridades éticas se conocieron en su plena juventud y su éxito se alimenta del sufrimiento de los demás. Seguro que algún día que dejaran de aniquilar se encontrarían en los recónditos „paraísos“ de Black Beach, como ocurrió con su predecesor Macías Nguema.
Su actuación al frente de los destinos históricos está minada por la hipocresía: le gustan especialmente las personas que se ironizan de todo y cuyo discurso se reduce a insultos. Les da todo y tiene todo el poder sobre ellos. Ellos le siguen de forma ciega. Las mujeres que le glorifican con los coros de animación han llegado a concienciar en sus colaboradores y demás funcionarios públicos que „tiene una pantalla grande“ en su residencia, donde sigue muy de cerca cualquier pormenor de sus actuaciones. Prosperan en esa sociedad de la „cultura del todo vale“ un montón de inmundicia, basada en la masificación ideológica, del pensamiento, como productos de la caricaturización de los residuos de la teoría y de la práctica del comunismo y el fascismo.
Encerrado dentro del estado de la intolerancia y de la tiranía senil, el presidente ecuatoguineano, sin embargo, ha logrado afianzar su credibilidad hacia muchos países occidentales democráticos, que en colaboración con ciertos medios de comunicación social y algunas instituciones sensibles a la violación de los derechos humanos en Guinea Ecuatorial, despliegan esfuerzos para ocultar la realidad y la verdad de lo que ocurre en este pequeño país, al menos, desde hace muchos años.
En consecuencia, el caso de los principales líderes de la oposición democrática detenidos, torturados y recluidos arbitrariamente en las recónditas e inhabilitadas celdas de la cárcel de Black Beach, es un modelo típico de cómo occidente contempla y respalda los horrores y las injusticias de su socio ecuatoguineano. Y como queriendo decir que es el principio del calvario de todo un pueblo que mira con dudas su futuro, lo que atrae la atención del mundo occidental, a pesar de las gigantescas campañas y de la retórica sobre el respeto de los derechos humanos y la democracia, está ligado al despegue económico como consecuencia de la producción del oro negro. Pues, los horribles abusos de la dictadura guineana atraerán su atención cuando, por error, o por desgracia, algún día la dictadura se equivoque del blanco a batir y la bala tropezara con los intereses que los americanos y los europeos defienden egoístamente en Guinea Ecuatorial. Pero mientras eso no se registre, los líderes políticos y los defensores de la democracia, del Estado de derecho y la libertad de expresión continuarán suspirando dentro de unas celdas invadidas por insectos, con la esperanza de una libertad o de un proceso justo y equitativo, que siempre se reducirá como un pellejo apenado.
Fuente: La Diáspora