CATEQUESIS DOMINICAL
TERCER DOMINGO DEL ADVIENTO. CICLO B
“AMA” , “REZA” , “ESPERA”
IDEAS PRINCIPALES DE LAS LECTURAS DE ESTE DOMINGO
- 1ª Lectura: Isaías 61, 1-11: Desbordo de gozo con el Señor.
- 2ª Lectura: 1ª Tesalonicenses 5, 16-24: Que vuestro espíritu, alma y cuerpo sea custodiado hasta la venida de Nuestro Señor Jesucristo.
- Evangelio: Juan 1, 6-8. 19-28: En medio de vosotros hay uno que no conocéis.
1. Queridos hermanos y hermanas en Cristo: En este Tercer Domingo del Adviento, nos presentan la gran novedad de la Religión de Jesús de Nazaret. Es una religión basada en el Espíritu. Quien mejor nos presenta esta novedad es Juan Bautista.
2. En el Evangelio de hoy, queda claro que la enseñanza y el testimonio de Juan no coincidía con lo que enseñaban y querían los hombres de la “religión”. Por eso en ellos despierta la alarma. Y mandan sacerdotes, levitas, y fariseos a interrogar a Juan. Querían saber quién era aquel extraño predicador que anunciaba una nueva luz, en la otra orilla del Jordán, fuera de la ciudad santa, el territorio de la religión oficial, que no tolera que se anuncie una luz al margen de ella.
3. Juan no acepta título alguno. Es nadie. Es sólo una voz que grita en desierto. No se trata de humildad. La clave está que sólo desde el despojo de toda pretensión puede uno ser testigo autorizado de la Luz, que es el Señor.
4. Juan fue una voz, escuchada y acogida por unos, “los publicanos y las prostitutas” (Mt 21, 32), y rechazada por otros, “los sacerdotes y senadores” (Mt 21, 32. Cf Mt 21, 23) Los “nadies” escuchan y acogen la voz del Señor. Los “titulados” la rechazan. El Evangelio trastorna nuestras seguridades.
5. ORACIÓN:
Proclama la grandeza del Señor,
Ensalzo la potencia de su amor,
Alabo la inmensidad de su ternura,
Y la infinidad de su misericordia.
Miraste, oh Dios, la pequeñez de tu esclava;
Te fijaste, oh Amor, en la debilidad de tu hija;
Te compadeciste de su desnudez y su pobreza,
Y colmaste todos sus vacíos.
Fui bañada en tu gracia y empapada,
Vestida con las galas del Espíritu,
Elevada hasta el trono de la reina,
Hija y madre de Dios mismo. AMÉN.
Fuente: Jesús Rafael