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Editorial

LLANTO EN POLÍTICA


publicado por: REDACCION guinea.net el 19/12/2022 22:13:13 CET

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Llorar, en política, reviste un carácter implicatorio y envolvente en cualesquiera de las circunstancias, lugares y situaciones que sean, incluidas las sobrevenidas. Su real importancia radica en la afección de los sufrientes por una misma causa; y eso, en política cuenta mucho.

Para aplicar el sentimiento del llanto a la política, tendremos que descendernos de su arraigo tópico que dice: “llorar no sirve para nada". En nuestro contexto explícito, neoliberal indolente, la expresión pública del dolor o padecimiento constituye una crítica política altamente necesaria; a parte de que, llorar ayuda a liberar toxinas en nuestro cerebro y agita la actividad mental a nivel defensivo de huida del individuo; también, para su tomar decisiones implicatorias de supervivencia de la especie.

Desde un punto de vista estrictamente fisiológico; llorar, no es otra cosa que la respuesta instintiva ante un dolor físico o emocional, a parte de las funciones lubricantes y antisépticas de las lágrimas para nuestro ojos. Sin embargo, a poco que nos elevemos sobre estas implicaciones biológicos, el llanto se presenta como una especie de “lenguaje emocional” bastante complejo. Con él, manifestamos nuestro dolor y sufrimiento internos e informamos a los demás, la conmoción de nuestro mundo interior. Podemos ir más allá de lo dicho hasta aquí y sobrepasar las dimensiones individuales del llanto para escalar sobre su “naturaleza social y política”. En este ámbito, al llorar, no solo hacemos que los demás descubran nuestra aflicción interna; sino también, que llorando junto a otros y por otros, podemos convertir el llanto en signo de empatía, de protesta, de crítica, de clamor o, como producto de resistencia colectiva de los sufrientes.

EFECTOS SOCIALES DEL LLANTO.

El cuándo, el dónde y, junto a quiénes lloramos determinan el tránsito de las lágrimas que designamos al clamor  político  y  social.  Pues,  es  posible  que  sea implicatoria y aglutinante para muchas sociedades, incluida la guineana; estableciendo tiempos y lugares concretos para llantos políticamente “correctos". Esa raíz, precisamente, en el desbordamiento de las fronteras imaginarias, es donde deberíamos soportar y mantener a raya el desconsuelo; porque, es donde el duelo aparece como “aguijón crítico” de culturas impasibles. Llorar a destiempo y fuera de lugar, en política, puede distorsionar el objetivo inicial que hayamos planteado para el caso; amén de su implícito modelo de “progreso exponencial aséptico” que, no puede ni debe perder un minuto a los padecimientos de la propia razón de nuestro llanto.

El intrínseco razonamiento anterior, reviste una importancia capital reivindicativa para la instauración de tiempos y lugares de duelo en nuestra peleona sociedad política. También, en ocasiones, por razones desconocidas e inexpresas, producto de características hiperproductivas y ajenas al sufrimiento, provocan, con perplejidad, llantos inexplicables. Establecer momentos disruptivos para la expresión pública del llanto, supone, por otro lado, pisar el freno de una maquinaria social acelerada para hacer memoria y construir esperanzas a favor de un Pueblo sufriente que, ciertamente, se niega a que su dolor quede impune y silenciado en los papeles de una “supuesta” historia no contada.

En definitiva, hemos descubierto que el llanto es la argamasa que construye la Comunidad Política; encierra la tensión de una responsabilidad siempre pendiente de acometer; y, su anclaje corporal le otorga, además, un valor testimonial de autenticidad. Luego, LLORAR ES BUENO Y RECOMENDABLE EN POLÍTICA.

LOS TIEMPOS DEL LLANTO.

Para aumentar nuestros conocimientos, lógicamente, nos basamos en la lectura, aprendizaje, estudios y asimilación a parte de acudir a personajes del mundo del Saber. Para esta finalidad, ya sabemos que: “hay un tiempo para cada cosa; tiempo de nacer, tiempo de morir, tiempo de plantar, tiempo de arrancar, tiempo de llorar,


tiempo de reír, tiempo para el duelo, tiempo de bailar, tiempo para la reivindicación…”; este último, nos es incesante ahora más que nunca.

El carácter cíclico de los acontecimientos exige su contención temporal lógico. ¡No podemos estar toda la vida llorando! Ya sabemos que los Psicólogos advierten que cuando un duelo se extiende en el tiempo, es síntoma de alguna patología no resuelta. Y por lo visto, eso coincide con la situación política que prevalece en nuestro suelo patrio, Guinea Ecuatorial. La cuestión es, durante cuánto tiempo es razonable mantener el llanto, es decir, cuándo deberíamos parar de sollozar para entrar en el tiempo saludable de la calma o sosiego. En duelos por pérdidas irremediables como la muerte natural de un ser querido, nos tomamos el tiempo necesario para atravesar las cinco fases que la psiquiatría ya estableció años atrás: la fase de la negación, la de negociación, la de depresión, la de la ira y la de aceptación.

Particularmente, ¿Cuánto debería durar el duelo por la injusticia prolongada de un régimen? Porque, una cosa es asumir sanamente el “principio de realidad” de los sufrimientos inevitables, dando por concluido el duelo y, otra cosa muy distinta es: “cerrar en falso el lamento por aquello que nunca debió ocurrir”. El llanto por pérdida previsible, quizá pueda cerrarse con un duelo terapéutico; pero, el llanto por la injusticia solo se clausura con la preparación: el duelo se mantiene abierto esperando que se haga justicia; en él, no hay consuelo paliativo posible. Y ESTE, SIN DUDA, ES EL CASO QUE ACONSEJA NUESTRO DUELO PERMANENTE EN GUINEA ECUATORIAL.

Desde el exilio en España, a 17 de Diciembre de 2.022.

 

 

   José Ndong Masuela. (Uno Más).



Fuente: Ndong Masuela

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